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Una curiosa leyenda mexicana
Costumbres y tradiciones

Una curiosa leyenda mexicana

Escrito por: ldelpino
9 Octubre 2014
Sin comentarios
3 minutos

En este artículo te queremos contar una leyenda muy especial mexicana. Se trata de la leyenda de la Isla de las Muñecas, seguramente te atrapará tanto que no podrás dejar de pensar en ella. La misma tiene sus orígenes a mediados del siglo pasado y en muy poco tiempo se ha vuelto famosa captando el interés de muchos.

En primer lugar deberemos contarte que Xochimilco es un sitio al sur del Distrito Federal, está considerado como un lugar mágico, desde este lugar surgen las historias y las leyendas más conocidas de México. Entre ellas la conocida como 'Islas de las Muñecas', un pequeño territorio en donde vivía solo una persona, Don Julián Santana Barrera, los lugareños lo consideraban como un ermitaño y para otros era un hombre que generaba un verdadero terror.

El hombre vivía en una choza muy humilde en cuya periferia se podían ver cientos de muñecas colgadas de árboles y algunas más clavadas en los troncos. En la década del 50 era normal ver a este hombre junto con su carretilla llena de verduras, cultivadas por él, que las llevaba a vender al tianguis de Xochimilco, cuando terminaba sus ventas se dirigía hacia la pulpería a tomar su pulque pero no hablaba con nadie.

Después pasaba mucho tiempo buscando y recogiendo muñecas tiradas en los basurales de los barrios cercanos. Los rumores señalaban Julián colocaba las muñecas para ahuyentar los espíritus de su hija ahogada, pero su sobrino, Anastasio, contaba una historia muy diferente. Según él, el agricultor empezó a quejarse de las apariciones de una mujer ahogada en las aguas y para calmarla empezó a colgar algunas muñecas que aparecían en los canales.

En la década de los 90 en el lugar se comenzó a realizar un rescate ecológico, en ese momento se vio el lago cubierto de lirio acuático y algo que atemorizó a muchos. Lo que más llamó la atención es que su chinampa se encontraba rodeado de muñecas.

Al principio Don Julián evitaba hablar del tema de las muñecas pero después decidió hablar. Entonces comentó que las colgaba con el fin de ahuyentar a los malos espíritus y para tener mejores cosechas, contó que las muñecas aparecían de repente y que ellas lo acompañaban en las largas noches.

Una de las muñecas preferida se llamaba La Moneca y cada vez que se mudaba de choza a choza la llevaba con él.

En los últimos tiempos la isla se ha crecido, pero la leyenda continua vigente. Algunos señalan que en ocasiones los mecanismos rotos de las muñecas comienzan a funcionar, empezando a llorar o llamando a sus madres. Un par de ellas son consideradas como una verdadera deidad y muchas personas le realizan ofrendas.

Vía | Como en el Tianguis
Foto | Flickr - Alejandro Mejia

Leyenda de la ‘Rosa del Inca’
Costumbres y tradiciones

Leyenda de la ‘Rosa del Inca’

Escrito por: ldelpino
1 Mayo 2013
Sin comentarios
2 minutos

Compartiremos una bonita leyenda que se puede oír en el norte de Argentina.

El Templo de las Ajitas se encontraba en las orillas del Lago Titicaca, recordemos que las Ajitas eran vírgenes sacerdotisa de Inti. En este lago se encontraba el sol y la luna una vez al año para fecundar las mieses, dar luz y hacer brotar las aguas.

En ese lugar Huairacocha era la sacerdotisa del pueblo Inca que se encargaba de prolongar la pureza de la raza.

En una ocasión el gran guerrero Tupac Canqui se atrevió a cruzar el lago sagrado, además de escalar los altos farallones. La curiosidad que tuvo llegó a profanarlo. En ese lugar descubrió a la hermosa Ñusta Ajita. Apenas se vieron se enamoraron, pero las leyes del Inca era muy severa.

Para poder cumplir su amor huyeron hacia el sur para salvar la mies de las nueve lunas. El Tiahuanaco temblaba de la ira y junto con los guerreros buscaba un gran castigo para reparar la ofensa que se había realizado hacia la casa del Inca. A pesar de la persecución que comenzó no llegaron a alcanzar a Tupac Canqui ni a su amada Ñusta.

En el suelo de Andalagalá fructificó su amor. De ese amor nacieron muchos hijos, descendientes de los aimaraes y fundadores de los pueblos diaguitas.

Las leyes del Inca nunca llegaron a alcanzar a los enamorados pero se cumplió uno de los maleficios ya que la muerte alcanzó a Ñusta, quien fue enterrada en la cima de una montaña. El viejo guerrero triste por el amor perdido se acostó una noche a dormir el sueño milenario de la piedra. Cuentan los locales que su perfil aún se puede ver cuando llega el anochecer, a la hora en que el sol y la luna se encuentran.

Un pastor de Andalgalá fue el primero que aso por el lugar en donde estaba enterrada Ñusta y con gran asombro vio que en la zona estaba llena de rosas, cuyos pétalos parecían haber sido creados con las gotas de sangre petrificada. Tomo una de esas rosas para ofrecérsela al Inca quien tembló de emoción de recuperar a la dulce india, perdonándola y considerándola como una mártir del amor.

Desde ese momento la zona fue bautizada como Rosa del Inca.

Vía | Turismo Catamarca
Foto | Flickr - DSC828


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