Leyenda de la ‘Rosa del Inca’

Leyenda de la ‘Rosa del Inca’

Escrito por: ldelpino    1 mayo 2013     Sin comentarios     2 minutos

Compartiremos una bonita leyenda que se puede oír en el norte de Argentina.

El Templo de las Ajitas se encontraba en las orillas del Lago Titicaca, recordemos que las Ajitas eran vírgenes sacerdotisa de Inti. En este lago se encontraba el sol y la luna una vez al año para fecundar las mieses, dar luz y hacer brotar las aguas.

En ese lugar Huairacocha era la sacerdotisa del pueblo Inca que se encargaba de prolongar la pureza de la raza.

En una ocasión el gran guerrero Tupac Canqui se atrevió a cruzar el lago sagrado, además de escalar los altos farallones. La curiosidad que tuvo llegó a profanarlo. En ese lugar descubrió a la hermosa Ñusta Ajita. Apenas se vieron se enamoraron, pero las leyes del Inca era muy severa.

Para poder cumplir su amor huyeron hacia el sur para salvar la mies de las nueve lunas. El Tiahuanaco temblaba de la ira y junto con los guerreros buscaba un gran castigo para reparar la ofensa que se había realizado hacia la casa del Inca. A pesar de la persecución que comenzó no llegaron a alcanzar a Tupac Canqui ni a su amada Ñusta.

En el suelo de Andalagalá fructificó su amor. De ese amor nacieron muchos hijos, descendientes de los aimaraes y fundadores de los pueblos diaguitas.

Las leyes del Inca nunca llegaron a alcanzar a los enamorados pero se cumplió uno de los maleficios ya que la muerte alcanzó a Ñusta, quien fue enterrada en la cima de una montaña. El viejo guerrero triste por el amor perdido se acostó una noche a dormir el sueño milenario de la piedra. Cuentan los locales que su perfil aún se puede ver cuando llega el anochecer, a la hora en que el sol y la luna se encuentran.

Un pastor de Andalgalá fue el primero que aso por el lugar en donde estaba enterrada Ñusta y con gran asombro vio que en la zona estaba llena de rosas, cuyos pétalos parecían haber sido creados con las gotas de sangre petrificada. Tomo una de esas rosas para ofrecérsela al Inca quien tembló de emoción de recuperar a la dulce india, perdonándola y considerándola como una mártir del amor.

Desde ese momento la zona fue bautizada como Rosa del Inca.

Vía | Turismo Catamarca
Foto | Flickr – DSC828


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