La Habana en tres días: moneda, alojamiento en casas particulares y propinas
La Habana no se entiende del todo hasta que caminas por el Malecón al atardecer, cuando el aire huele a salitre y a diésel quemado, y los muchachos pescan con hilos atados a botellas de plástico. Es una ciudad que va a otro ritmo, que se cae y se sostiene a la vez, y que exige al viajero algo poco habitual: llegar con dinero en efectivo, expectativas ajustadas y paciencia para lo imprevisto.
Que no te la cuelen: planifica bien tu viaje y evita estas estafas en tus vacaciones
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