Combarro, los hórreos sobre la ría de Pontevedra que aún huelen a salitre
Llegas a Combarro por la carretera que bordea la ría y lo primero que notas no es la piedra ni los cruceros: es el olor. Salitre, algas secas, un poco de humo de leña si es invierno y alguien está asando sardinas. El pueblo se asoma al agua con una fila de hórreos plantados casi en la orilla, como si los vecinos hubieran querido dejar claro dónde termina la tierra y empieza la ría.
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