Elegir bien los medios de transporte con los que nos desplazamos hasta nuestro destino y sobre todo dentro de él nos ayudará a ahorrar tiempo y disfrutar del entorno. En esta sección te recomendamos cual utilizar y hablamos de sus peculiaridades.
Bangkok te recibe con un golpe de calor húmedo, olor a salsa de pescado friéndose en un wok y el zumbido constante de motos esquivando puestos ambulantes. No es una ciudad para mirar de reojo: te obliga a entrar en su ritmo, sentarte en un taburete de plástico en plena acera y pedir un plato del que no sabes el nombre.
Islandia se recorre en coche o no se recorre. La red de transporte público fuera de Reikiavik es testimonial, los tours organizados encarecen el viaje y la gracia de la isla está justamente en parar cuando una cascada aparece a la izquierda o cuando un rebaño de ovejas cruza la Ring Road sin avisar. Pero el coche que funciona en julio puede dejarte tirado en marzo, y un berlina barato en febrero es una mala idea por mucho que el comparador te la ofrezca a 35 € al día.
París se visita mal cuando se llega con la cabeza llena de postales. La ciudad funciona con sus propios códigos: un bonjour antes de pedir un café, un metro que cuesta más de lo que recuerdas y camareros que no esperan propina porque ya la cobran en la nómina. Si es tu primer viaje, lo útil no es saber dónde está la Torre Eiffel (la verás), sino cuánto vas a gastar de verdad y qué normas no escritas conviene respetar.
Subir al tren en Múnich a las diez de la noche, cenar un sándwich en el vagón restaurante mientras el revisor te trae sábanas dobladas, y bajar al día siguiente en la Stazione Termini de Roma con el café del bar de la esquina ya abierto. Esto, que sonaba a recuerdo de los años ochenta, vuelve a ser posible. Después de casi dos décadas en retroceso, los trenes nocturnos europeos están recuperando rutas, operadores y pasajeros.
La primera vez que bajas a una estación como Shinjuku o Shibuya, la sensación es la misma para casi todo el mundo: un mapa de colores que parece un circuito impreso, carteles en kanji que se alternan con romaji y una marea de gente que sabe exactamente a dónde va. Respira. Moverse por Tokio es más sencillo de lo que parece cuando entiendes que no hay "un" transporte público, sino varios sistemas superpuestos que conviven sin pisarse demasiado.
Llegas al aeropuerto de Narita o Haneda con un cansancio que no recuerdas de otros vuelos, y lo primero que te sorprende no es el neón ni la multitud: es el silencio. El tren Keisei Skyliner avanza entre arrozales suburbanos mientras una azafata se inclina al salir del vagón. Tokio empieza así, con una contradicción amable entre lo enorme y lo discreto.
Grecia es un país que cautiva a viajeros de todo el mundo por sus paisajes, su cultura milenaria y su hospitalidad. Pero, sin duda, uno de sus mayores atractivos son sus islas, repartidas en el mar Egeo y el mar Jónico. Desde pequeños pueblos blancos con vistas al mar hasta playas paradisíacas y sitios arqueológicos únicos, cada isla tiene su propia personalidad y motivos para ser visitada.
Desde luego no es un viaje que cualquiera se puede costear ni se puede disfrutar de tanto tiempo para conocer varios países a lo largo y ancho del mundo. Aún así, es uno de los sueños para muchos viajeros: poder dar la vuelta al mundo a bordo de un crucero donde se pueden encontrar con todo lo necesario para disfrutar de la experiencia.
Una de las maneras más habituales de viajar es en el propio coche. Incluso es muy habitual llegar hasta el destino en avión y una vez allí, alquilar un coche y moverse en libertad por el país. Normalmente, el permiso de conducir español sirve para conducir en cualquier país del mundo, con alguna excepción. Todos los países de la Unión Europea lo admiten, pero también muchos otros con los que hay tratados de colaboración en este aspecto.