El Monte Saint-Michel, un remanso de paz en la Baja Normandía a merced de las mareas

El Monte Saint-Michel, un remanso de paz en la Baja Normandía a merced de las mareas

Escrito por: Victor Alós    17 abril 2018     Sin comentarios     2 minutos

El Monte Saint-Michel es uno de los lugares más populares de la costa atlántica de Francia, que se ve rodeado por las mareas, uno de los alicientes del lugar

A medida que te acercas al Monte Saint-Michel, la parte superior de esta pequeña población de la Baja Normandía, en la costa atlántica de Francia, va haciéndose visible. Poco a poco, la inconfundible silueta de este pueblo ubicado sobre una pequeña península que con cada marea alta se ve rodeada por el agua del océano y aislada del continente, se va haciendo más presente. El espectáculo es impresionante y deja sin habla.

El especial enclave del Monte Saint-Michel lo ha convertido en un lugar a visitar durante la visita al Oeste francés y junto a las playas del desembarco durante la II Guerra Mundial, es uno de los principales lugares a visitar en Normandía. A lo largo de los siglos se han establecido varios puntos de acceso al monte, que ha sido, inexorablemente, azotado por las mareas. Estas han ido destrozando los puentes de tierra que se han construido entre el monte y el continente, hasta que finalmente se ha podido construir una pasarela de obra que resiste la fuerza de las mareas.

Hasta hace unos años, el aparcamiento se encontraba a las puertas de las murallas de la ciudad, aunque ahora se ha habilitado otro aparcamiento a unos 2,5 kilómetros de la ciudad. El anterior aparcamiento era cubierto por el agua con frecuencia y si alguien se dejaba el coche podría encontrarse con una desagradable sorpresa al volver a recogerlo. El visitante que acude en coche tendrá que dejarlo algo apartado, pero han habilitado una lanzadera que va desde el aparcamiento hasta la ciudadela. O, si lo prefiere, tomar uno de los carruajes tirados por caballos que convierten el trayecto en algo más interesante. Los visitantes para a unos 400 metros del acceso, que recorre a pie y que permite disfrutar de la imponente vista que ofrece la silueta que se alza sobre el Atlántico.

Antes de entrar, y si la marea lo permite, se puede rodear el Monte Saint-Michel andando y caminar por la bahía. Eso sí, hay que tener en cuenta los riesgos que suponen las mareas en esta zona. En cualquier momento podemos ver como el oceáno se acerca y en ese caso hay que ponerse a salvo, ya que las crecidas son rápidas. Precisamente, las mareas son uno de los atractivos de esta población.

Desde la parte superior del Monte Saint-Michel se puede ver cómo va creciendo la marea y cómo cubre la arena. El viaje hasta Normandía no puede concebirse sin ser testigo, al menos una vez, de la fuerza del océano y su inexorable avance hasta convertir al Monte Saint-Michel en una isla, que hoy puede seguir conectada a tierra gracias a la ingeniería actúal. Al menos, casi siempre.

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