Tazones no llega a los doscientos habitantes censados, pero tiene una placa que recuerda el día en que un chaval flamenco de diecisiete años puso pie en Asturias sin saber muy bien dónde estaba. Era el 19 de septiembre de 1517 y ese chaval se llamaba Carlos de Gante, futuro Carlos I de España y Carlos V del Sacro Imperio. Venía a reclamar la herencia de su madre, Juana, y a estrenar la dinastía Habsburgo en la península.
Las Vegas se vende como capricho y se cobra como tal, pero la realidad es más matizada. Puedes gastarte 400 dólares en una noche sin darte cuenta o pasar cuatro días razonablemente cómodo por menos de lo que cuesta una semana en París. La diferencia está en saber dónde te sacan el dinero sin avisar: el famoso resort fee, el estacionamiento, las bebidas del casino, los taxis desde el aeropuerto.
Bajas la cuesta desde la carretera general y, antes de ver el mar, lo hueles: salitre, madera vieja y, si la lonja ha trabajado, ese aroma inconfundible del pescado recién descargado. Lastres se descuelga por la ladera hasta el puerto en un desorden de tejados rojos, callejas empinadas y balcones de madera oscura. Está en el concejo de Colunga, en la costa oriental de Asturias, a medio camino entre Gijón y Ribadesella.
La Habana no se entiende del todo hasta que caminas por el Malecón al atardecer, cuando el aire huele a salitre y a diésel quemado, y los muchachos pescan con hilos atados a botellas de plástico. Es una ciudad que va a otro ritmo, que se cae y se sostiene a la vez, y que exige al viajero algo poco habitual: llegar con dinero en efectivo, expectativas ajustadas y paciencia para lo imprevisto.
Italia tiene casi 7.500 kilómetros de costa y la sensación, en agosto, es que todo el país está metido en el mismo chiringuito. Pero basta salir de las Cinque Terre o de Positano —esas postales que ya salen caras solo de mirar— para encontrar tramos de litoral donde el mar sigue mandando sobre el turismo.
Francia tiene alrededor de 5.500 kilómetros de costa continental, más los 1.000 de Córcega. Eso significa que hablar de "playas francesas" es casi una trampa: entre las rocas grises de Bretaña, los cordones de arena blanca de las Landas, las calanques provenzales y los acantilados normandos hay más diferencias que entre la Costa Brava y Cádiz.
Viajar en autocaravana entre octubre y abril tiene una ventaja evidente: las áreas están vacías, los pueblos recuperan su ritmo y los aparcamientos costeros dejan de ser un campo de batalla. Pero también aparece la duda que persigue a cualquiera que se plantee dormir dentro del vehículo: ¿esto es legal?