El Puente Glienicke, el puente de los espías
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El Puente Glienicke, el puente de los espías

Escrito por: Xavi Vargas
25 Enero 2016
Sin comentarios
2 minutos

La última película del afamado director Steven Spielberg se llama "El puente de los espías". En ella, Tom Hanks como principal protagonista, representa a un abogado que trata de rescatar prisioneros en territorio comunista, concretamente en Alemania, realizando un canje con un espía soviético apresado en los Estados Unidos.

El canje finalmente se realiza y el escenario que eligen para ello es el Puente Glienicke, una construcción que todavía sigue en pie y que la podéis visitar fácilmente. De hecho, si vais a Potsdam desde Berlín por carretera seguro que lo cruzáis pues es el camino más habitual para ir desde la capital alemana hacia esta bonita y cercana ciudad.

El Puente Glienicke, por su posición, se convirtió en un punto clave de la Guerra Fría ya que era un espacio fronterizo, por así decirlo. Separaba parte del Berlín occidental de parte de la República Democrática Alemana. Cerrado al tráfico, por eso se presentaba como un lugar ideal para realizar ese tipo de intercambio de prisioneros.

Y es que el canje que nos cuenta la película de Spielberg, una historia real, sólo fue el primero de muchos que se llevarían a cabo a lo largo de este histórico periodo del siglo XX y en este mismo lugar. Por eso se ganó el sobrenombre de "El puente de los espías", y por esto ha inspirado películas y otras obras culturales.

El puente cruza el río Havel desde hace más de trescientos años, aunque la construcción actual no data de esa época sino de principios del siglo XX. Además, tuvo que ser reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial porque quedó bastante dañado pese a no sufrir los severos bombardeos que otros puntos del país sufrieron.

Foto | Flickr - Nigel's Europe & Beyond

Potsdam, una excursión desde Berlín muy recomendable
Lugares de interés

Potsdam, una excursión desde Berlín muy recomendable

Escrito por: Xavi Vargas
29 Junio 2015
2 Comentarios
1 minuto

A unos 25 kilómetros al sur de Berlín se encuentra la ciudad de Potsdam, que aunque no te lo creas es una de las ciudades más visitadas de toda Alemania. Y es que, aunque Potsdam no tenga el renombre de la capital o de otras grandes urbes germanas, es una ciudad que está considerada como Patrimonio de la Humanidad.

Y lo es gracias a que en el siglo XVII el rey Federico Guillermo de Prusia la eligió para pasar sus momentos de asueto. Desde entonces, en la ciudad se fueron construyendo numerosos palacios, que es lo que hoy día le ha acarreado la fama de la que presume.

El más famoso de estos palacios es el Palacio Sanssouci, un lugar que merece la pena disfrutar "sin preocupaciones", que es lo que significa su nombre. Pero ahí más, podemos enumerar el Palacio Nuevo, el Palacio de Charlottenhof, el Palacio de la Orangerie, el Palacio de Babelsberg o el Palacio de Cecilienhof, famoso éste porque aquí Truman, Stalin y Churchill se repartieron Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero hay alguna cosilla más por ver aparte de palacetes en Potsdam. Por ejemplo, la ciudad tiene su propia Puerta de Brandeburgo, no tan bonita como la de Berlín pero curiosamente más antigua. Otro lugar curioso es el Barrio Holandés, que por un instante hará que te sientas como si hubieras viajado de repente hasta Amsterdam.

Por todo ello, Potsdam es una excursión desde Berlín bastante recomendable. Además, no hace falta disponer de vehículo propio ya que hay buses y trenes de cercanías que comunican la capital con esta ciudad que es capital del estado federado de Brandeburgo.

Foto | Flickr - Nigel's Europe

El Palacio de Sanssouci en Potsdam
Ocio y cultura

El Palacio de Sanssouci en Potsdam

Escrito por: slopez
10 Octubre 2012
2 Comentarios
3 minutos

Una de las residencias reales más famosas del mundo se encuentra situada en la ciudad de Potsdam, en el estado de Brandeburgo, a 30 Km. de la capital Berlín. El Palacio de Sanssouci era el lugar oficial de residencia de verano de Federico II El Grande, Rey de Prusia.

Considerado por muchos como el rival del Palacio de Versalles en Francia, esta edificación de estilo rococó se caracteriza, además de por la belleza de su interior, por los diferentes templetes, pabellones y jardines que adornan el parque Sanssouci que rodea al palacio. Una maravilla arquitectónica para disfrute de turistas en viajes culturales.

Construido entre los años 1745 y 1747, la propia palabra Sanssouci (en francés, sin preocupaciones) da a entender la naturaleza de la residencia, un lugar de retiro y de descanso para la nobleza. El palacio en si es de dimensiones pequeñas, en una sola planta, con una fila que incluye diez habitaciones, en las que también se incorporan un pasadizo y cámaras de servicio tras ellas.

La zona principal de acceso al palacio está formada por dos antesalas, la Sala Recibidor y la Sala de Mármol. La Sala Recibidor, usada antiguamente para la recepción de invitados, está adornada con diez columnas corintias hechas con estuco de mármol. Sobre las puertas, se pueden contemplar relieves sobre el mito del dios Baco, mientras que en el techo, es la diosa Flora la que nos saluda, con una visión de ella lanzando flores desde el cielo.

La Sala de Mármol está decorada en blanco y oro y coronada por una cúpula. Junto a la puerta de acceso de esta sala, se pueden encontrar esculturas de la diosa Venus y el dios Apolo, justo frente a los jardines. Una muestra más de la unión entre el arte y la naturaleza. Otras estancias como el Estudio del Rey y la Biblioteca impregnan de belleza el interior del palacio.

Los jardines del palacio son dignos de admiración. Desde ellos, se puede apreciar una vista panorámica, ayudada también por la conversión en una viña con forma de terraza en la zona más alta en 1744. Fueron creadas tres terrazas, de gran belleza arquitectónica y con alguna variedad de árboles y flores. En 1745 fue construido un jardín de estilo barroco, en cuyo centro se instaló la denominada Gran Fuente que, posteriormente, se vería rodeada de figuras de dioses mitológicos como Apolo, Mercurio o Marte.

Tras la construcción de esta zona de jardines, se realizó el Parque de Sanssouci. Dentro del mismo se construyeron invernaderos y viveros, se plantaron alrededor de 3.000 árboles frutales y se erigieron pequeñas edificaciones como el Palacio de Charlottenhof y el Templo de la Amistad.

Tras la II Guerra Mundial, el palacio se transformó en un centro turístico, abierto al público, que hoy en día recibe la visita de más de dos millones de personas al año. Fue declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad en 1990. Para los turistas interesados en visitarlo, se encuentra en la Maulbeerallee, junto al Parque de Sanssouci y su horario de visita hasta el 31 de octubre es de 9 de la mañana a 5 de la tarde. Desde el 1 de Noviembre al 31 de Marzo, se reduce la hora de cierre a las 4 de la tarde.

Vía | diariodeunturista
Foto | flickr-kyezitri


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