Roma en cuatro días: presupuesto realista, trattorias auténticas y errores comunes
Llegas a Termini un martes por la mañana, el aire huele a café quemado y a piedra caliente, y entiendes en treinta segundos que Roma no se deja recorrer con prisa. Las basílicas conviven con tiendas de móviles, los gatos duermen entre columnas del siglo I y un camarero te cobra siete euros por un capuchino sentado en Piazza Navona sin pestañear.